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14 mar. 2010

Una realidad similar en Argentina

No suelo intervenir con mis comentarios en los artículos que elijo para publicar en este blog, pero este tema creo que los merece, pues las situaciones planteadas más abajo son similares a las que nos debemos enfrentar en nuestra propia realidad, sobre todo aquellas sobre tarifas indecentes y traducciones hechas por personas sin el título de traductor, para ser más clara estudiantes de idiomas. Ojalá el debate también se estableciera por estos lares para mejorar la situación de muchos que intentamos ganarnos la vida con esta profesión. También me pareció interesante publicar los comentarios de los colegas que respondieron al artículo. SandraC.

Intrusismo, colegios profesionales y todo lo demás

Hace unos días, Tenesor (que sigue con fidelidad este blog, a pesar de su absurdo ritmo de actualizaciones) me pasaba un fragmento de un correo electrónico que había recibido:

“El motivo de la presente es para ofrecerle mis servicios como traductora (inglés, alemán > español). He cursado hasta 5º de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas y realizado un curso de Inglés para los Negocios de la Generalitat de Catalunya. Dicha titulación me ha permitido trabajar como traductora para diversas empresas (de Energía Eólica, Despacho de Abogados, Consultoría, Inmobiliaria, de Ascensores y Escaleras Mecánicas, etc.)
En la actualidad curso 3º de Alemán en la Escuela Oficial de Idiomas de Granada e imparto clases de Inglés y Alemán.”

Tenesor me pedía que hablase sobre el intrusismo en nuestra profesión. Y lo voy a hacer, aunque quizá no en la forma en que él esperaba. De hecho, lo más probable es que lo que voy a contar hoy no os guste a muchos de vosotros, así que os aviso ya, antes de que sigáis leyendo: hoy es un maravilloso sábado soleado. Salid a pasear antes de dejadme el buzón de comentarios lleno de amenazas de muerte.

Comencemos por el intrusismo profesional. En primer lugar, intrusismo es una de esas palabras que odiamos solo cuando la sufrimos. Por ejemplo, si la chica de este correo nos dice que es traductora, nos llevamos las manos a la cabeza. Si un licenciado en filología se llama a sí mismo traductor, pedimos al Gran Spaghetti Volador que fulmine a ese hereje con su apéndice tallarinesco. Sin embargo, cuando los licenciados en TeI decidimos dedicarnos a otras profesiones, la cosa cambia. Ya sabéis que nuestra carrera nos ofrece muchas posibilidades, como la docencia, el comercio exterior, la maquetación y edición de textos, la carrera diplomática, etc. Campos profesionales en los que otros profesionales pueden considerarnos personal ajeno. Por ejemplo, la corrección de textos en español es un campo que “pertenece”, en principio, a los filólogos de hispánica. Sin embargo, muchos de mis compañeros corrigen textos. La maquetación de documentos es un campo a medio camino entre filología y artes gráficas. Sin embargo, muchos traductores maquetan manuales de lavadoras. Y diseñan páginas Web. Y muchas otras tareas que no pertenecerían al ámbito de nuestra licenciatura, aunque la realidad laboral se empeñe en demostrar lo contrario.

El problema, por tanto, no pasa por el concepto de intrusismo. Una idea algo desfasada, muy del s. XX y que no tiene cabida en nuestra sociedad global actual, donde lo normal es desempeñar varios trabajos a lo largo de la vida laboral, reciclarse varias veces y trabajar de forma proactiva. No, los enemigos de la traducción no son ni los malvados filólogos ingleses que intentan robarnos el pan ni los afortunados bilingües que hacen traducciones de vez en cuando para redondear su sueldo. Quien realmente amenaza a nuestro trabajo son dos factores: el estatus y el mercado.

Si preguntas a 100 personas sobre qué hace un licenciado en TeI, probablemente un tercio de los encuestados responderá que son esas personas glamourosas que trabajan en la ONU y en la Unión Europea, otro tercio diría que son los secretarios con inglés que hay en muchas empresas y que igual te resuelven un roto que un descosido. El último tercio, quizá el más cachondo, respondería que es esa panda de gente de mal vivir que se dedica al teatro.

La triste realidad es que, fuera de nuestro círculo, la mayoría de las personas no sabe qué hace un traductor. E incluso si tienen cierta idea sobre nuestro trabajo, se centra en conceptos tan peregrinos como los del párrafo anterior o en la idea borrosa de que somos personas que “hablamos ideas”. Obviamente, eso también incluye a muchas empresas, algunas de las cuales, cuando requiere servicios lingüísticos, no sabe a quien llamar. Y por ese motivo, termina pidiendo al hijo de la del 3º, que sabe inglés porque estuvo un verano en Irlanda, que le traduzca la página Web o ese catálogo de baldosines que quiere enseñar a unos clientes americanos.

El segundo de nuestros enemigos es el mercado. Aunque la economía global ha permitido que nuestra cartera de clientes se expanda hasta incluir a cualquier cliente con acceso a Internet, también es cierto que ha incrementado la oferta de traductores disponibles. Quizá las necesidades de traducción crezcan a un ritmo acelerado cada año, como insisten en afirmar los gurús de la industria. Sin embargo, la tendencia en lo que concierne a tarifas pasa por el estancamiento o incluso la reducción de precios. Parece que cada vez es más difícil obtener buenas tarifas por nuestro trabajo. Y no hablo de pedir precios más altos, sino de conseguir lo que, hasta el momento, se consideraba como una tarifa óptima.

Hay muchos profesionales que afirman que la solución a ambos problemas (una imagen difusa y una posición débil para negociar tarifas) es la creación de un colegio profesional. Personalmente (y aquí va a comenzar la lluvia de piedras) no estoy de acuerdo. Puede que un colegio pueda ser una forma adecuada de defender nuestra imagen, a través de actividades, jornadas o actos reivindicativos. Sin embargo, en lo que concierne a las tarifas, la cosa no es tan sencilla. El Colegio de Traductores de España podría decidir una tarifa mínima de 0,08 € por palabra. Pero a la hora de la verdad, a menos que se exija la colegiación obligatoria de los traductores, no serviría de nada. La ley permite la libre fijación de precios a las empresas, siempre y cuando respeten las leyes sobre competencia. Asimismo, la tendencia actual en Europa es la desaparición de los colegios profesionales y de las profesiones reguladas. Incluso aunque esta circunstancia no se diese, no creo que el colegio profesional fuera una solución mágica. Puede que dentro de España las empresas tuvieran que pagar 0,08 € por palabra. Sin embargo, estas dejarían de hacerlo en el momento que descubriesen que, fuera de nuestras fronteras, hay una enorme oferta de traductores de calidad, que estarían dispuestos a trabajar por una tarifa menor. Y puesto que la creación del Colegio Mundial de Traductores e Intérpretes no está a la vuelta de la esquina, no veo en el colegio unos beneficios que no puedan conseguirse con otras alternativas menos agresivas y más factibles.

La mejor posibilidad para afrontar estos retos es fomentar el asociacionismo en nuestra profesión. Existen muchas organizaciones que agrupan a traductores profesionales, como por ejemplo ASETRAD, APETI, ACETT o TREMÉDICA (por citar algunas de ellas). Estas organizaciones luchan por mejorar el reconocimiento de nuestro trabajo, al mismo tiempo que defienden estándares de trabajo dignos, sobre todo, en lo que concierne a tarifas de trabajo. En este sentido, podemos optar entre pasarnos el día en casa quejándonos de lo mala que está la cosa, que las tarifas bajan cada día más y que todo el mundo piensa que somos actores de teatro o algo parecido. También podemos unirnos a una asociación y contribuir con nuestra cuota a que tenga mayor poder de actuación para mejorar nuestra situación. Es un dilema similar al del trabajador que se queja de su mala situación laboral pero que no se afilia a un sindicato.

Sin embargo, incluso aunque todas las asociaciones de traductores del mundo se uniesen y formasen la Federación Mundial de Traductores, seguiríamos enfrentándonos a un problema muy complejo. La bajada de las tarifas (o al menos, la no subida de estas), no se debe, quizá, tanto a la ambición de las empresas como a nuestra débil posición como empresarios. Cada vez que alguien acepta una tarifa de 0,04 € por palabra, muere un gatito (y ya de paso, se hunde un poco más el mercado). En ese sentido, deberíamos ser conscientes de que debemos defender unas posiciones básicas de partida. Hay límites que no deben traspasarse (reventar el mercado, incurrir en prácticas deshonestas, hablar mal de compañeros, etc.). Obviamente, la realidad personal de cada uno de nosotros es otra historia. Y dile a alguien que tiene que pagar la hipoteca que, entre aceptar 0,04 € y no ganar un duro, elija la segunda opción.

Al llegar al final de esta larga parrafada, más de uno podrá caer en el desaliento. Sin embargo, siempre digo que, sin algo de optimismo, no se llega a ninguna parte. Aunque nuestra profesión afronte retos que parezcan insalvables, no olvidemos que cada trabajo tiene lo suyo y que la clave pasa por una adaptación continua y una actitud dinámica. Quizá las tarifas tiendan a bajar. Pero también está presente el hecho de que el volumen del mercado de traducciones es cada vez mayor y el personal cualificado para ello no se incrementa de forma proporcional. Una actitud responsable por parte de cada uno de nosotros, apoyando a las asociaciones existentes y respetando una ética laboral básica que evite reventar el mercado es, quizá, la mejor estrategia para que esta siga siendo una profesión apasionante y… quien sabe… incluso llegue a ser tan respetada como la de médico o ingeniero :D .

7 comentarios

Actualmente los colegios profesionales en España establecen tarifas orientativas, lo cual no implica que todo el mundo las cumpla a rajatabla. En el caso de los abogados, por ejemplo, hay muchos que cuando empiezan se dedican a cobrar a la baja para “fidelizar” a sus clientes, así que un colegio no serviría de nada para mejorar el tema de las tarifas.

Lo que hay que hacer para competir a nivel global es ofrecer valor añadido, porque siempre habrá alguien que cobre más barato. Si un cliente recibe varios presupuestos para una traducción y todos le ofrecen lo mismo, está claro que elegirá al más barato. Es lo que hacemos todos cuando comparamos precios, ¿no? Lo difícil aquí es estrujarse el cerebro y ver qué puede ofrecer uno para diferenciarse.

Estoy de acuerdo en que quejarse no sirve de nada. Ya desde la carrera, los traductores aprendemos a quejarnos de lo mal que está la profesión. Sería más productivo aprovechar esas energías para arrimar el hombro. Asociaciones no faltan.

He llegado aquí por casulidad (y por una alerta de google), pero no puedo por menos de dejar el aplauso de una traductora literaria, licenciada en filología francesa (sólo en filología francesa) y, en la actualidad, presidente de ACEtt.

Hola Óliver:

Antes de nada, gracias por sacar el tema que te sugerí en mi correo electrónico.

Quiero felicitarte por tratar de mostrar que ni todos somos santos ni tampoco todos somos diablos. Sin embargo, sí quisiera precisar -quizá no lo hice bien en mi correo electrónico- que el término intrusismo me parece poco adecuado para este debate. Estoy absolutamente de acuerdo con mi paisana Elisabeth con respecto a que hay que ofrecer valor añadido, así como lo estoy contigo en gran parte de lo que planteas.

Quiero copiar aquí varias frases de las que te escribí en mi correo electrónico:

“Si bien el término intrusismo intento evitarlo a toda costa -considero que la legislación nos tiene prácticamente vendidos con respecto a nuestra profesión y soy consciente que cursar cuatro años de traducción e interpretación no significan nada con respecto a la calidad que un traductor puede ofrecer-, sí que me he sentido indefenso últimamente con respecto a la función que realizan algunas escuelas de idiomas. (…)
El otro día, le envié el correo electrónico que te he remitido a una compañera y estuvimos hablando largo y tendido sobre el tema. Lo curioso es que alguien nos dice, al poco, que se había apuntado en clases de español en la escuela oficial de idiomas y que le dijeron que cuando terminaran el último curso, el título que recibirían les serviría para dar clases de idiomas o para hacer traducciones.
Además de ello, sé porque lo he sufrido en carnes propias que algunas escuelas de idiomas sellan traducciones para darles carácter de jurada u oficial, con lo cual hace la competencia directa a los intérpretes jurados que tenemos el nombramiento. ”

Sinceramente, no me molesta el que una persona, por el simple hecho de haber cursado hasta quinto de la escuela oficial de idiomas, considere que tiene los conocimientos necesarios para ser traductor. Es cierto que los licenciados en TeI hacemos de todo y nos consideramos los más aptos para ello gracias a nuestro amplísimo dominio de la lengua. Lo que sí me empieza a irritar es lo que comento de las escuelas oficiales de idiomas, instituciones públicas cuyos profesores -no todos, dios me libre de la generalización- se sacan un dinerillo haciendo traducciones y colocando el sello de la escuela oficial de idiomas para darle el carácter de traducción jurada.

Es un tema bastante amplio y requiere reflexión y debate. Aunque sé que dará para mucho y ahora mismo no tengo tiempo para abordarlo en profundidad, gracias por sacarlo a la palestra. Como decía Hegel, “la dialéctica es el motor del progreso”.

Hasta pronto. Seguiremos debatiendo al respecto y, especialmente sobre los colegios profesionales y las asociaciones.
Gracias por ofrecernos el salón de tu casa para este debate.
Tenesor.

Tenesor, eso que comentas es bastante grave. Si los clientes que les piden traducciones a las escuelas de idiomas están buscando juradas y reciben “eso” a cambio, se podría considerar una estafa.
Aunque tampoco habría que dejar atrás a las agencias que manipulan las traducciones juradas y ponen su sello sobre el del traductor jurado para que el cliente no contacte con el traductor.

Recientemente el MAEC ha notificado a diferentes asociaciones que hay en marcha un nuevo Real Decreto para la figura de los intérpretes jurados (pasaremos a ser traductores e intérpretes jurados, ¡por fin!) y les ha dado la oportunidad de presentar alegaciones a la propuesta. En Asetrad hubo un debate bastante largo sobre qué alegaciones se iban a presentar y también sé que varios traductores han enviado sus alegaciones a título personal. Hay algunas propuestas muy interesantes como la de que la OIL encargue un sello similar al de los notarios (cuyo coste de fabricación es de unos 5 céntimos) para incluirlo en todas las juradas. Dudo mucho que acepten algo tan “sofisticado”, pero al menos nos han preguntado nuestra opinión. Supongo que durante el primer trimestre del año que viene tendremos más noticias.

Dudo mucho que alguien con los 5 años de la eoi pueda hacer una traducción como es debido, al menos yo no me siento capacitada para ello… es como si alguien hace un curso de primeros auxilios y le da por dedicarse a la enfermería (por poner un ejemplo)

Olli, en lo de ser una profesión respetada como la de ingeniero, mira a ver que no sea informático, estarías en las mismas.

Álvaro Mira

Saludos. Sólo escribo para comentarte que, por una parte, estoy de acuerdo con tu postura acerca de la queja gratuita y la actual naturaleza del mercado que debe llevar a los traductores a diferenciarse de forma alguna (como indica Elisabeth). Por sorprendente que te parezca, puede que demostrando tu interés por aclarar la situación acerca de nuestra profesión estés aportando tu granito de arena para mejorar las cosas. Enhorabuena y gracias. Álvaro

Francesc Pont

Magníficas reflexiones, felicidades.

Sólo quería apuntar un detalle que no tratas en tu excelente análisis de las tendencias actuales y futuras del mercado: el rol de la traducción automática.

A pesar de que en ámbitos académicos se desprecie por completo, ya hay empresas que la utilizan como base de sus necesidades de traducción. Y no hablo precisamente de empresas pequeñas: HP es una de ellas.

Asimismo, también sé de empresas de traducción con sistemas propios de traducción automática que, en vez de traductores, contratan correctores-revisores para que editen las traducciones hechas por la máquina y rellenen hojas de feedback que, luego, los ingenieros informáticos utilizan para refinar el sistema.

A pesar de que estas tendencias son todavía excepcionales y tienen una rentabilidad dudosa (por ejemplo, las empresas de traducción basadas en este modelo de negocio tienen graves problemas para sobrevivir), tendríamos que ser conscientes de lo que puede (y recalco la importancia de este “puede”) depararnos el futuro, especialmente en ciertas áreas de especialización cuyos textos utilicen unas estructuras y patrones lingüísticas fijos.

No quiero ser ave de mal agüero, ya que soy el primer afectado, pero creo que es necesario que también añadamos este elemento al “mix” de factores que explican la tendencia de reducción tarifaria y de estatus que estamos viviendo.

Saludos,

Francesc

Fuente: Blog: La paradoja de Chomsky

Sobre el autor Oliver Carreira

Calcular la duración de un proyecto

Las habilidades relacionadas con la gestión de proyectos son importantes, no sólo para aquellos que coordinan diferentes encargos en una agencia (o en general, en cualquier empresa que ejecute diversos proyectos a la vez), sino para cualquier traductor que se precie, independientemente de que trabaje como asalariado o como freelance.

Saber cuanto tiempo vamos a necesitar para hacer una traducción, calcular su rentabilidad y hacer una previsión adecuada son habilidades clave para poder dedicarse a traducir de forma profesional, sobre todo si no tenemos a un superior que se encargue de calcularlo por nosotros. Lamentablemente, este tipo de habilidades no siempre se enseñan en las facultades de TeI, donde los plazos de entrega suelen ser bastante generosos. Por tanto, es importante que aprendamos a hacerlo por nosotros mismos, ya que evitará que tengamos que decirle a un cliente que necesitamos más tiempo para el proyecto que nos ha encargado. Asimismo, una buena gestión de nuestro tiempo nos ayudará a mejorar nuestra productividad (o lo que es lo mismo, más dinerito en nuestro bolsillo).

Para calcular la duración de un proyecto, lo primero que debemos tener en cuenta es el número de palabras. Si tenemos un documento de 10.000 palabras y un ritmo medio de 300 palabras/hora, sólo tenemos que hacer una división para obtener un valor aproximado. En este caso, necesitaríamos unas 34 horas para terminar el encargo. Este sería el tiempo que necesitaríamos sólo para traducir. Sin embargo, ahí no estamos considerando otras tareas, tales como leer el texto, informarnos sobre su temática, buscar terminología, convertir el PDF que nos han mandado a .doc, etc. Todas estas tareas implican una serie de horas no productivas que, aunque no se pagan, son necesarias para nuestro trabajo y deben tenerse en cuenta a la hora de calcular su duración. Por lo general, suelen suponer un 10% del tiempo total del proyecto, aunque este valor puede incrementarse o reducirse en función de la temática del texto, nuestro grado de especialización, el formato en el que tengamos que trabajar, etc.

Un segundo aspecto a considerar es la combinación lingüística en la que vamos a trabajar. No es lo mismo traducir al español desde el inglés que desde el japonés (nunca he traducido desde el japonés, pero me imagino que debe llevar más tiempo). Asimismo, la direccionalidad es importante. Por lo general, una traducción inversa suele requerir más tiempo que una directa.

A menudo, el número de palabras no es un valor fiable para calcular el número de horas necesarias (o no es tan preciso como a nosotros nos gustaría). El tiempo necesario para traducir 10.000 palabras almacenadas en un único archivo .doc no es el mismo que el que nos supone traducir 100 archivos, del mismo formato, con 100 palabras cada uno.

Si, además de traducción, nuestro proyecto implica tareas adicionales (como capturas de pantalla, maquetación, diseño Web, etc) vamos a necesitar más tiempo del que podamos necesitar para esas 10.000 palabras. Si, por ejemplo, tenemos que hacer capturas de pantalla para acompañar el texto, puede que necesitemos unos segundos para cada figura (o puede que la cosa se complique y nos lleve media hora).

Dentro de la duración de un proyecto, debemos incluir el tiempo dedicado a la revisión. Aunque este tipo de tareas no se nos remuneran (recordad en todo momento que nos pagan por palabra) entregar un proyecto sin revisar y sin mantener unos estándares mínimos de calidad suele ser el camino más rápido para terminar nuestra traducción. Y para que el cliente no nos vuelva a llamar de nuevo.

Por último, nunca debemos olvidarnos de que algo puede salir mal. El momento en el que tenemos más trabajo y menos tiempo para terminarlo suele ser el mismo momento en el que se rompe el disco duro, nos partimos una mano o perdemos el trabajo de un día por no haber guardado nuestro trabajo a tiempo. Trabajar con cierto margen de seguridad es clave, sobre todo en proyectos grandes. En una traducción de 300 palabras, podemos evitar el contratiempo bajando al cibercafé de la esquina. Pero si hablamos de un manual de 200.000, la cosa se complica.

Fuente: Blog: La paradoja de Chomsky

Traducir referencias culturales nunca es fácil

22 Febrero 2010...11:16

Hace unas semanas terminé de leer Aurora Boreal de Åsa Larsson. La novela me gustó mucho y os la recomiendo si os va el género policíaco sueco (es decir, habéis leido a Stieg Larsson o Henning Mankell y queréis más). Sin embargo, el post de hoy no va de crítica literaria, sino de lo complicado que puede ser conseguir un buen equivalente para una referencia cultura muy específica.

Antes de entrar en materia un poco de teoría. El principal modelo que se aplica a este tipo de situaciones es el de Venuti, que defiende que ante una referencia cultural en el original existen dos estrategias. Por un lado la domesticación, que consiste en adaptar la realidad original para que el lector no sienta extrañeza (dos buenos ejemplos son Will Smith en El príncipe de Bel Air imitando a Chiquito de la Calzada o el gato Salem en Sabrina, la bruja adolescente hablando de morcillas de Burgos). Por otro lado la extranjerización, que consiste en conservar la referencia original en el texto en pro de la fidelidad, aun a costa de sacrificar la comprensión por parte del lector (lo que sucede cuando en un folleto turístico en inglés te colocan perlas como salmorejo sin explicar en qué consiste este plato).

Domesticación y extranjerización no son estrategias buenas o malas de por sí, sino opciones a las que se puede recurrir según las circunstancias. En muchos casos, hay un componente de opinión por parte del traductor. Y con los ejemplos que voy a citar a continuación no quiero decir que la traducción española sea mala. Solo quiero resaltar aspectos que me han llamado mucho la atención.

El contestó con su cargo y nombre, y ella respondió:
-Soy Rebecka Martinsson. Llamo en nombre de Sanna Strandgård. Tengo entendido que querían hablar con ella en relación al asesinato.
-Sí, y usted tiene información sobre dónde la podemos encontrar.

Alguien familiarizado con la cultura sueca o que haya vivido en Suecia en cierto tiempo sabe que lo habitual es tratarse de tú, aunque las personas que hablen sean completos desconocidos. Aunque resulta algo extraño para los lectores españoles, creo que es un rasgo que conviene conservar en la traducción, ya que es muy característico. De hecho, en la saga de novelas sobre el inspector Kurt Wallander, escritas por Henning Mankell, es frecuente encontrar en las primeras páginas una nota al pie que advierte sobre el uso de la segunda persona en singular como forma de tratamiento universal.

Otro ejemplo:

Si piensas donar solo un euro, ¡envuélvelo en un billete de diez!”, exclamó el pastor Gunnar Isaksson.

Uno de los problemas con la estrategia de domesticación es establecer dónde está el límite entre la cultura de origen y de destino. Es decir ¿hasta qué punto está familiarizado el público español con la cultura sueca? Y en este caso, creo que se sobrepasa el límite. Puede que un español medio no sepa que en Suecia se usan coronas en lugar de euros. Sin embargo, al limitar esa posibilidad estamos eliminando un factor educativo, por denominarlo de alguna manera, del texto de origen. En otras novelas suecas (de nuevo pongo los ejemplos de Mankell y Larsson por ser los más vendidos) se habla sin problema de coronas suecas. ¿Por qué recurrir en este caso al uso de euros?.

Por último:

Se había apuntado el nombre y el DNI de algunos que le había parecido que valía la pena controlar.

No tengo el texto original en sueco pero imagino que en ese punto se refería al personnumer sueco, que en muchos aspectos cumple las mismas funciones que nuestro DNI. Pero de ahí a igualarlos va un buen trecho. Del mismo modo que no traducimos ID por DNI (porque son realidades diferentes), en este caso podríamos haber recurrido a una expresión del tipo número de identificación personal para conseguir el mismo efecto.

No quiero terminar este post dando la impresión de que me he cebado en la traducción de Aurora Boreal. Además de recomendarlo por ser una novela interesante y muy ilustrativa de la forma de vida en la zona polar, la traducción me parece excelente. Sin embargo, creo que los traductores han asumido una actitud sobreprotectora para el lector español, pensando en que este podría no entender muchos aspectos culturales. Como estrategia es perfectamente válida y un buen ejemplo de a lo que nos podemos enfrentar cuando tenemos que crear equivalencias para realidades culturales que no existen en la lengua de destino. En cualquier caso, creo que cuando se traducen aspectos culturales hay que conservar en todo momento una postura equilibrada. Al final, los lectores están en el punto medio entre el genio y el tonto.

Fuente: Blog: La paradoja de Chomsky

11 mar. 2010

Los traductores levantan la voz

Tres premios nacionales de traducción conversan sobre los retos de un gremio maltratado por la industria editorial - Un debate en el Retiro aborda la profesión

Los traductores no paran. En otoño estará listo el Libro Blanco de la Traducción, el lunes se celebra en el Instituto Cervantes de Madrid el simposio Traducir Europa y mañana a las 11.00 tendrá lugar en la Feria del Libro el coloquio Con traducción no hay Pirineos. Para reflexionar sobre su trabajo, EL PAÍS reunió a María Teresa Gallego Urrutia (Madrid, 1943), José Luis López Muñoz (Madrid, 1934) y Miguel Sáenz (Larache, 1932) en casa de este último. Los tres tienen en su currículo el Premio Nacional de Traducción. Mientras que gracias al anfitrión hemos leído a autores como Günter Grass, Thomas Bernhard o Salman Rushdie, a López Muñoz se le deben versiones de Faulkner, Scott Fitzgerald o Joyce Carol Oates. Entre tanto, Gallego se ha ocupado de Gide, Jonathan Littell o Modiano. Vicepresidenta de ACEtt, la sección de traductores de la asociación de escritores, ella es la que lleva las cifras: "Un 35% de lo que hay en una librería española es traducido". La web de ACEtt (www.acett.org) contiene una tabla de tarifas mínimas recomendadas que van de los 35 euros por cada 1.000 palabras para el inglés y las lenguas romances a los 60 para las orientales. Unos mínimos que no siempre se cumplen.

Pregunta. ¿Se puede vivir de la traducción literaria?

Miguel Sáenz. El 90% de los traductores tiene otro oficio, algo que les obliga a una doble jornada. La traducción literaria no es rentable. Lo bueno es que puedes elegir lo que traduces.

José Luis López Muñoz. Un traductor es como un actor. Cuando tiene prestigio puede rechazar los papeles que no le gustan, pero eso no le garantiza interpretar lo que quiera porque igual nadie se lo ofrece.

M. S. Descubrir algo nuevo es una de las ventajas de este trabajo. Cuando me llegó el manuscrito de Hijos de la medianoche, Salman Rushdie no era nadie. Un caso distinto es La historia interminable. No es una obra maestra, pero tenía cuatro hijos pequeños y me apetecía. Y es el único libro que me ha dado dinero. Salvo excepciones, los editores sienten un desprecio escandaloso por el traductor.


María Teresa Gallego. Hay estudios que demuestran que es ínfimo el coste de una traducción bien pagada en el precio general de un libro. O sea, no pagan mal para ahorrar, sino porque nos desprecian.

M. S. A la mayoría les tiene sin cuidado la traducción. Lo que quieren es que les salga barata. Y las tarifas están bajando.

J. L. L. M. La actitud cambiará cuando los lectores protesten por la calidad de las traducciones. Aquí todo el mundo se queja pero nadie protesta.

P. Pero ustedes están ya consagrados...

M. T. G. Después de 40 años de oficio, soy una privilegiada: me dan buenos libros, no me tocan una coma, me respetan el contrato... Lo que quiero es que ésa sea la pauta para todos los traductores.

P. Pese a las condiciones, el nivel de la traducción en España es alto.

J. L. L. M. Uno traduce porque quiere comunicar algo que ha leído y que le ha gustado mucho.

M. S. Ahí tengo unas actas de la Comisión de Derecho Internacional, que es más fácil de traducir que una novela. Por cada página me pagan seis veces más. Si en un mes puedo ganar lo que en un año... Cuando te viene un encargo así y lo rechazas para traducir a Günter Grass es que estás loco.

P. ¿Cuáles serían las condiciones ideales de trabajo?

M. T. G. Que se cumpla la Ley de Propiedad Intelectual. Que no haya traducciones sin contrato y que no haya contratos que se salten la ley.

M. S. ...que las editoriales respeten esos contratos. Porque las liquidaciones son de risa.

M. T. G. Hace falta un organismo estatal que controle eso. Que no todo tenga que pasar por el juzgado.

P. ¿La ley es buena?

M. S. Sí, pero se incumple. Y no puedes estar todo el día pleiteando con multinacionales. Hay editores que se quedan con subvenciones que deberían ir al traductor.

J. L. L. M. Y cuando un editor vende tu traducción -por ejemplo, al Círculo de Lectores-, lo hace por un precio que no conoces, y se queda con la mitad.

P. ¿Qué porcentaje del precio de un libro es para el traductor?

J. L. L. M. Lo habitual es un 1%. En autores libres de derechos, entre un 3% y un 5%.

M. T. G. De todos modos, el poco aprecio general se nota en cosas que no cuestan dinero. Muchas veces las reseñas de libros omiten en la ficha el nombre del traductor, o dicen que tal libro lo ha "traducido" la editorial equis. No digo ya poner al traductor en la cubierta del libro, cosa que hacen sólo unas pocas. Dicen que estropea el diseño.

M. S. Nos van a llamar vanidosos. La mayoría no lo ponen ni en la web.

M. T. G. No es vanidad, es un asunto laboral. El editor me pagará decentemente si sabe que le doy beneficios, que soy un valor añadido, si sabe que una buena traducción le va a dar tres céntimos más. Y para eso el lector tendrá que saber que existo. Hay gente que cree que todos los libros vienen directamente escritos en español.

M. S. En España hace 40 años nadie sabía quién había hecho una película. Hasta que llegaron los franceses con el cine de autor. Ahora el espectador sabe que los directores tienen nombre. Puede que un día pase eso con los traductores.

Fuente: El País


9 mar. 2010

Recordatorio: AIPTI presenta charla gratuita de actualización y reflexión profesional para traductores e intérpretes en Santa Fe

-“Presentación de la Asociación Internacional de Profesionales de la Traducción y la Interpretación (AIPTI)” (Aurora Humarán)

-“El rol del docente en la formación de profesionales íntegros” (Santiago Murias)

-“Traduciendo por un Kosiuko” (Aurora Humarán)

-“El compromiso con la profesión empieza como estudiantes” (Mariano Vitetta)

Fecha: 16 de abril
Hora: 17.30
Lugar: Auditorio del Instituto Superior de Profesorado N.º 8 "Almte. G. Brown", Santa Fe
Costo: actividad no arancelada


Quienes estén interesados pueden inscribirse en info.request@aipti.org

6 mar. 2010

I wish I would have known: Answers from 11 top freelancers

Today we’ve got an awesome article for any first time freelancers. I’ve rounded up a few of the top freelancers out there and had them answer the question “What do you wish you would have known starting out as a freelancer?”. Needless to say, this article is full of over 2 thousand words of wisdom. I hope you find use for this article and if you know someone who might benefit from it, I’d love if you shared it with your twitter followers and Facebook friends. Thank you :)

Jon Phillips

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When I got started I used to do everything myself, it worked for a while till I realized that I could outsource a lot of the thing I didn’t enjoy doing and then spend time on stuff I enjoy. I wish I had known that when I started out, it would’ve saved me a lot of time and probably some headaches, too :)


Andy Sowards

Twitter | Website
  • There are only 24 hours in a day. And you are most likely going to need sleep.
  • Taxes Suck.
  • Personal Project time suffers.
  • No income is Guaranteed.
  • When you have a big project to work on, your internet gives you issues.
  • Having said all of that, I still love freelancing :)

Steven Snell

Twitter | Website

I wish I would have known that clients tend to not take a project very seriously if they are paying low rates. When I started out I knew that learning and getting experience was more important than making money at that stage, so I did some very cheap projects. I worked with several people who wanted a website, but it seemed that since they were investing very little into it financially, they just didn’t take it seriously and put in the effort on their end that is needed to have a successful web presence. Not only did that make it more difficult for me to do a good job, but it really did a dis-service to their business because their websites weren’t as effective as they could have been. I’m not sure exactly what I would have done differently because my services weren’t worth a whole lot at that point, but I wish I would have at least understood that people tend to not value or prioritize things that are cheap. I should have done a better job communicated with those clients that if their website is to be successful and useful for their customers/visitors, they must be involved throughout the process.

Sean Baker

Twitter | Website

Things I wish I knew before starting out as a freelancer

Tax Write-Offs
You’d be amazed at the amount of things you can write-off on your taxes being an independent designer. Aside from business expenses like hardware, programs and everyday tools like fonts, there’s a whole world of things that may qualify as “research” to your business. For example, your music/MP3, movie, magazine and coffee purchases are creative outlets that may be considered for exemption if they pertain to your business or a particular project. No kidding. I was always skeptical and afraid of potential audits when I did my own taxes, so I sought a local CPA to assist me in the handling of receipts. For a CPA in your neighborhood, check out http://www.accountantsworld.com/. Save all your receipts and don’t be afraid to ask questions come tax season — you may be pleasantly surprised at how much you can claim!

Strategizing Your Time
You’re closing up your meeting with a potential client. Everything went smoothly and you think you’re about to land the job. Said client asks for your hourly rate, in which you give and explain. Unless you’re underselling your talents greatly, their next question will almost always be: “Great, and how long will it take you?” Suddenly you’re in a corner… and you’re panicked. You don’t want to scare them away, so you feel implied to answer immediately, usually shorting yourself on time simply to appease. Congratulations, you’ve just pigeonholed this project. From here you’ll either be doing some free work or you’ll run the client off once they see a higher rate than you originally gave.

It’s critical to never give a time estimate without digesting and sleeping on the specs of the project. You need time to unwind and assess the details on your own. If a client asks for a final gauge in your FIRST meeting, cordially advise them that you need time to review in order to give a fair evaluation. Tell them you don’t want to jump to conclusions and “over-shoot”. They’ll respect the fact that you’re trying to keep money in their pockets, even if all you’re really doing is watching out for yourself. From here, follow up within a few days with a “thank you” and a working estimate/contract.

Amber Weinberg

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When I first started freelancing, I wish I would have known that it wasn’t as insurmountable as everyone makes self-employment out to be. I spent a lot of time at a job I hated to save up enough money for “just-in-case” and once I went out on my own, I spent a lot of sleepless nights the first month and a half, freaking out because I had zero work. After that, it’s been a lot of hard work, but it hasn’t been nearly as scary as they want you to think. :)

Brian Yerkes

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I wish I would have known (and been prepared for the fact that) not every client is going to like your designs / concepts / ideas. I’ve been freelancing for over 4 years now, and I still struggle with hearing “We don’t like it.”.

The problem is that when it comes to being a freelancer, you tend to put a serious amount of effort and personal pride into your work, and every time you complete a concept or idea for a client, you are confident that it is the the correct one. When a client says that they don’t like it, you have to understand a few things.

1. That the client is not always right. Seriously. They just aren’t. If I was having a house built I might ask my builder to use Play-Doh. Obviously, this would not be a good idea, and as the customer, I would be terribly wrong! The builder needs to step in and tell me what correct option is. That’s why the builder is a builder and I’m not. He/She is the expert at what they do. So, sometimes when the client says that they don’t like your work, you may want to consider having the cojones to discuss the reasons why they are wrong. Often, a professional client will appreciate your confidence and your dedication to the success of their project, but unfortunately there are times when a client will just get even more upset with you and continue to tell you that you are wrong. It just takes some good judgment on what way to respond to each situation.

2. Sometimes your work just doesn’t hit the mark for what the client is looking for and what is needed for the project. This can happen for many reasons, but the important thing is to recognize it, understand the value of it, and move forward to developing better concepts. Decent clients are able to tell you why your concept doesn’t work, and why they don’t like, and this may give you an even clearer brief from which you can work from for the next concept. Rome wasn’t built in a day, and clients need to understand this.

and finally

3. You have to ensure that you don’t take it personally, ever. This is the biggest thing that I personally struggle with. When a client emails to tell me that they aren’t happy with a design, it puts me in a bad mood for a few hours. It’s the number one thing that I try to deal with better every time it happens. Fortunately, 99% of the time, my clients are happy with my work, but you can never win them all.

So, to sum up, I wish I would have known that not every client is going to love your work. If I had known that, it would be a lot easier to deal with it internally when it happens!

Chris Spooner

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I wish I had known how to put across my ‘professional’ opinion as a designer. In my early days if a client wanted a change or didn’t like a particular element. I’d simply cave in and agree, then I’d not feel as happy with the final design. Nowadays I don’t think twice about offering my opinion in return, and explaining how I think my solution would work better. Often a client will agree once they hear the underlying reasons behind a particular element. At the end of the day the client has a better end product and I’m happy and satisfied with the outcome.

Brian Hoff

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Having started freelancing I wish I would have known and planned out better organization and maintaining a structured work flow. Its something that I still struggle with from time to time being a one-man-show. Often when you start freelancing you only thing of how to organize your actual design work that comes through, not details such as a better system for replying and saving emails, making it easier and more efficient to get contracts/proposals out the door, saving client information that show interest in your work, as opposed to those you only work with, in additional to other areas such as schedule time to market online using Twitter, Facebook, commenting on blogs, starting a blog or writing guest articles, etc — the aspects that you overlook many of times when it comes to online marketing, but can go a long way. I actually detailed a full article on some of the ways I organize my business that has helped in recent years, titled How to effectively organize, manage and maintain your freelance design business.

Sneh Roy

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Things I wish I knew when I started freelancing.

  1. Thou shall always create a logo in vector format
  2. Thou shall not jump through hoops for a client.
  3. Thou shall not be afraid to say “No”.
  4. Thou shall not crumble, falter and surrender to your client’s whims and fancies.
  5. Thou shall set a wide, comfortable time line for project completion.
  6. Thou shall not have a life, or evening off, or proper eating hours in the first few months.
  7. Thou shall never let someone else present your work.
  8. Thou shall never bow down to corporate red tape.
  9. Thou shall not be afraid to increase your hourly rates.
  10. Thou shall not succumb to “Just make this one change, I promise that is the last one!”

Rob E. Bowen

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I wish I had known before I started freelancing that there was such a rich and active community that existed online waiting to be engaged. A community ready to help with learning and invaluable advice. Collaborations and varying degrees of other opportunities woven within this expansive base of people all a part of a larger whole. It was really cool, and a little unexpected. The community made the entire undertaking more approachable and not as maddening as I had anticipated.

The community has played a large part in my freelancing growth and success, and I think that the trepidation that slowed my entrance into this forum would have been eased considerably had I known how inviting and welcoming the waters were. So much so, that the community actually altered my initial mission that I entered with. I initially got into freelancing for the opportunity to work for myself, and I found instead, that I am working for the community. Now what I mean by that is, that I found a purpose that fit and served me better. Not that it was like the community demanded it.

So I began to focus more on working to give back to that community, and along the way, ventured in directions that I thought followed in suit with those desires, but that actually were only in that vein on the surface. So I would have to re-adjust my course from time to time, always trying to be aware of what could best serve and give back to this amazing online collective. And allowing myself to evolve and be as fluid and dynamic as the community itself. This is something I never thought would happen before I started freelancing.

I never saw this job, evolving and changing me in ways. Becoming a career of communal collaboration and inspiration. And that inspiration reaching beyond the ‘job’ part and into my creative personal work and life as well. I never knew that freelancing was more of a way of life than simply another job where the boss wasn’t as much of an asshole as I was accustomed to.

Kostandinos

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I don’t take on many “freelance” projects, but I wish I would’ve known that even with a signed contract, you still have to go through the court system and pay all kinds of fees to get the ball rolling if something terrible happens… like say a client cancels a check. After $160 in court/paper costs or so and no response from a loser client, I also wish I would’ve trusted my instincts. Which leads me to this: Don’t be afraid to say “no” to a project. If I could only pass along one small piece of advice to kids starting out, and even to those who’ve been at it for a while, that’s it. Sometimes it’s really not worth it… in more ways than one. Have a bad feeling about a client? Trust your gut and walk away.

One more thing: Sometimes the most important and best projects are the ones you do for yourself, including working on your portfolio and re-branding yourself. The devil is in the details… get out your pitchforks.

What do you wish you would have known?

Let us know in the comments if there’s things you’ve learned along the way that you can pass along to the first time freelancers who may be reading this post. I know we can always learn something new – new freelancer or old, knowledge never stops.

Additional Reading: Computer Arts has an awesome article, asking 11 freelancers (freaky, huh?) what their freelance secrets are. It’s really in depth and worth checking out. Read it here


Source: Guerrila Freelancing

15 benefits to working as a full time freelancer

This is the follow up article to “15 draw backs to working as a full time freelancer” article we published a while back [see below]. Special thanks go to all of my followers on twitter who helped with the great answers to both of these articles.

In the previous article, I covered 15 of the draw backs to working as a freelancer full time. I only felt that it would be right to share the negative side of it before telling you how great it actually is. I love freelancing and I wouldn’t change my life for anything. Yes, I can take the negative’s from freelancing and outweigh them with the good – and I do, on a regular basis. Things will get rough, but life is rough – work through it :)

So below are 15 great benefits to freelancing. Feel free to drop a comment and let me know any other benefits you don’t see on the list – or the ones on the list you do agree with.

1. No boss breathing down your neck – You’re the boss – you make the rules, which generally leave you more relaxed and happy.
2. Spend more time with family – During the summer, I can pack up and go to the water park at a moments notice. I love spending time with my family and with the freelance lifestyle, it’s easier than ever before.
3. Job security – If you lose your job, its (9 times out of 10) because you slacked off too much and/or did something stupid. The harder you work, the more you’ll benefit.
4. Creating your own hours – If you want to work late into the evening, or you enjoy getting up early in the morning, you can set your own hours, build your own schedule and fit work around your personal life – instead of the other way around.
5. You learn more about personal finances - Being a freelancer will help you learn how to manage money and also keep up with your financial paperwork which is always a plus.
6. No daily commute (and traffic jams) – Roll out of bed, put your slippers on and head to the computer. It’s that simple :)
7. Complete control over your rates – If you want to charge more, do it. If you feel you’re making too little money per hour, change your hourly rate. No more begging for a raise.
8. You can do the work you love – Are you passionate about drawing, but you’re stuck in accounting? Leave that all behind with a full time freelance career.
9. Wake up whenever you want – This is a great plus for me as well as a lot of early risers or late risers. There’s no need for a buzzer to wake you up at 6am to get to work by 7am anymore. (thanks to StephenTiano for the twitter response)
10. Unforseen emergencies are easier to deal with – As stated above in number 2, any time something pops up, you’re able to leave and don’t have to worry about taking a sick day, lose pay or jeapordize your position with your boss.
11. Mobile workstations make work fun – Like the picture for this post, you can work anywhere there’s internet connection (and if you’re a writer, you don’t even need that – just a pen and pad).
12. No need to spend 4-8 years in college – I haven’t even graduated high school, yet I know more about web design and development than most people I know who spent years in college classes. Plus, I got started early and didn’t have to wait to graduate before I started working and learning the ins and outs of business.
13. The ability to keep (or cut) clients – When working from a big office for a big corporation, you take the clients they give you. When working for yourself as a freelancer, you can cut any unruly clients or keep the ones you love and nurture those relationships.
14. Noone is to blame for your stolen red stapler – Anyone who’s seen Office Space will know that a stolen red stapler can be a big problem. Noone is around to steal yours though if you’re a freelancer – except your kids or your cat/dog :)
15. Working in your underwear is not a crime – It’s no secret that working from home can give you a ton of added benefits – the biggest (in some peoples eyes) being that you don’t have to wear pants – even if you’re doing video chats or conversating on the phone.

Source: Guerrilla Freelancing

15 draw backs to working as a full time freelancer

If you’ve been reading things online lately, you’ll see a lot of “Freelancing is the greatest” or “Freelancers are getting rich”. Something along those lines anyways. Freelance is the new buzzword for marketers to try and sell you stuff. With the recession here in the US, I find it only fitting to share some of the draw backs of full time freelancing. Yes, it can be a great gig, but I feel it’s right to let potential freelancers know the opposite side of the fence as well.

Below is a list of 15 draw backs to working as a full time freelancer that were compiled by myself as well as some great people on twitter. Thank you to everyone on twitter who sent their replies in – and for those of you reading this now who have something to add to the list, feel free to drop a comment and let me know.

15 draw backs to working as a full time freelancer
1. Freelancing doesn’t give you any dependable income. You could make a thousand dollars today and none for the next month. (submitted by @RS_Designs and @AliciaMae)
2. Less time with family because you are busy doing 10 different jobs (accounting, designing, sales, ect)
3. Spending more time finding work than actually doing the work. (submitted by @kevincrafts)
4. You lose the ability to bounce ideas off your co-workers because, well, you’re (9 times out of 10) working alone in your home office.
5. The distraction level in your house can be tremendous (family, television, sleeping in, ect)
6. People don’t take you as seriously as someone with a 9-5 job (yes, they’re close minded, but it does happen – a lot)
7. You have to be your own taskmaster, even if you “just don’t feel like it” – and if you don’t, you fall behind work and a whole mess of trouble starts
8. Health insurance is not a given – and obtaining it can be a struggle. (I’d suggest checking out this article for information on it)
9. If you get sick – you’re screwed. There’s noone there to take over your job while you’re out with the flu.
10. There are a lot of freelancers out there right now so u had better have work lined up first and great connections that yield referrals. (submitted by @rachelakay)
11. Marketing yourself against the “big guns” in your industry can be extremely hard as you will generally not have the same budgets as they do
12. I’m not paid for all of the hours I work. It takes a lot more of my time and energy to be a freelancer than to work for “the man.” (submitted by @RS_Designs)
13. Doing everything on your own will generally make your stress levels a lot higher than a normal 9-5
14. Sitting in your computer chair for multiple hours at a time working, prospecting and notekeeping will put massive strain on your back
15. big drawback: admin tasks (invoicing, time tracking, emails, etc). too easy to put off but real pain in ass to catch up on. (submitted by @freelancerant)
For those of you who would like to contribute to questions I may be asking my readers to answer with, feel free to follow me on twitter and keep an eye out – I’ve got a follow up to this article I will need your input on as well ;)

UPDATE: The follow up article – 15 benefits to being a full time freelancer has been published!

Source: Guerrilla Freelancing

Find Out If You Are Up For The Challenge Of Freelancing

11/30/2009
Lately, freelancing is being referred to like it is a fashion statement. Striking out on your own is the way to go, and without the worry of a boss breathing over your shoulder. Freelancing is a way to earn a decent living and excel in your chosen field, but only if you pursue it for all the right reasons. In these tough economic times, the thought of starting a business sounds like a good idea. We all have to pay the bills! But choosing to freelance out of desperation or because it is "the thing to do" can lead to a messy situation.

There is a myth going around that freelancers wake up when they want, stay in their jammies, put out some work when the mood hits them and the money comes rolling in. This is far from the truth. For freelancing to work in your favor you have to be willing to work harder than you would at a traditional 9-5. A true freelancer is like being the pilot on a cessna jet. You wear all of the hats from departure to destination. During your waking hours your job is full with meeting deadlines, networking, looking for more projects, sales, marketing, accounting, admin...you name it. Whatever has to be done, you're the one to do it. Then there are the distractions. Since you work from home, you have all the time in the world to chat it up or take care of the needs of others. In order to stay productive, you have to get a little stern in this department. When you respect your work, others will too.

Freelancing can be exciting and rewarding when approached with a productive, positive, and realistic attitude. You have to ask yourself, "Am I up for this challenge?" To help answer this question, and several others, check out "15 draw backs working as a full-time freelancer" from Guerrilla Freelancing. The author, along with some cool people on twitter, compiled this great list.

How do you approach your freelancing? Share your thoughts by leaving a comment.

Source: Freedomlance Inc.