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14 mar. 2010

Calcular la duración de un proyecto

Las habilidades relacionadas con la gestión de proyectos son importantes, no sólo para aquellos que coordinan diferentes encargos en una agencia (o en general, en cualquier empresa que ejecute diversos proyectos a la vez), sino para cualquier traductor que se precie, independientemente de que trabaje como asalariado o como freelance.

Saber cuanto tiempo vamos a necesitar para hacer una traducción, calcular su rentabilidad y hacer una previsión adecuada son habilidades clave para poder dedicarse a traducir de forma profesional, sobre todo si no tenemos a un superior que se encargue de calcularlo por nosotros. Lamentablemente, este tipo de habilidades no siempre se enseñan en las facultades de TeI, donde los plazos de entrega suelen ser bastante generosos. Por tanto, es importante que aprendamos a hacerlo por nosotros mismos, ya que evitará que tengamos que decirle a un cliente que necesitamos más tiempo para el proyecto que nos ha encargado. Asimismo, una buena gestión de nuestro tiempo nos ayudará a mejorar nuestra productividad (o lo que es lo mismo, más dinerito en nuestro bolsillo).

Para calcular la duración de un proyecto, lo primero que debemos tener en cuenta es el número de palabras. Si tenemos un documento de 10.000 palabras y un ritmo medio de 300 palabras/hora, sólo tenemos que hacer una división para obtener un valor aproximado. En este caso, necesitaríamos unas 34 horas para terminar el encargo. Este sería el tiempo que necesitaríamos sólo para traducir. Sin embargo, ahí no estamos considerando otras tareas, tales como leer el texto, informarnos sobre su temática, buscar terminología, convertir el PDF que nos han mandado a .doc, etc. Todas estas tareas implican una serie de horas no productivas que, aunque no se pagan, son necesarias para nuestro trabajo y deben tenerse en cuenta a la hora de calcular su duración. Por lo general, suelen suponer un 10% del tiempo total del proyecto, aunque este valor puede incrementarse o reducirse en función de la temática del texto, nuestro grado de especialización, el formato en el que tengamos que trabajar, etc.

Un segundo aspecto a considerar es la combinación lingüística en la que vamos a trabajar. No es lo mismo traducir al español desde el inglés que desde el japonés (nunca he traducido desde el japonés, pero me imagino que debe llevar más tiempo). Asimismo, la direccionalidad es importante. Por lo general, una traducción inversa suele requerir más tiempo que una directa.

A menudo, el número de palabras no es un valor fiable para calcular el número de horas necesarias (o no es tan preciso como a nosotros nos gustaría). El tiempo necesario para traducir 10.000 palabras almacenadas en un único archivo .doc no es el mismo que el que nos supone traducir 100 archivos, del mismo formato, con 100 palabras cada uno.

Si, además de traducción, nuestro proyecto implica tareas adicionales (como capturas de pantalla, maquetación, diseño Web, etc) vamos a necesitar más tiempo del que podamos necesitar para esas 10.000 palabras. Si, por ejemplo, tenemos que hacer capturas de pantalla para acompañar el texto, puede que necesitemos unos segundos para cada figura (o puede que la cosa se complique y nos lleve media hora).

Dentro de la duración de un proyecto, debemos incluir el tiempo dedicado a la revisión. Aunque este tipo de tareas no se nos remuneran (recordad en todo momento que nos pagan por palabra) entregar un proyecto sin revisar y sin mantener unos estándares mínimos de calidad suele ser el camino más rápido para terminar nuestra traducción. Y para que el cliente no nos vuelva a llamar de nuevo.

Por último, nunca debemos olvidarnos de que algo puede salir mal. El momento en el que tenemos más trabajo y menos tiempo para terminarlo suele ser el mismo momento en el que se rompe el disco duro, nos partimos una mano o perdemos el trabajo de un día por no haber guardado nuestro trabajo a tiempo. Trabajar con cierto margen de seguridad es clave, sobre todo en proyectos grandes. En una traducción de 300 palabras, podemos evitar el contratiempo bajando al cibercafé de la esquina. Pero si hablamos de un manual de 200.000, la cosa se complica.

Fuente: Blog: La paradoja de Chomsky

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